domingo, 29 de enero de 2012

Bloomsbury Recalled, de Quentin Bell













El profesor Quentin Bell pasará a la historia o al menos al recuerdo de un puñado de lectores, por varios motivos. Todos ellos se reducen prácticamente al mismo. Su conexión con el llamado grupo de Bloomsbury y su tía, Virginia Woolf.


Alguna otra cosa por la que es conocido Quentin Bell es por su labor como profesor de historia del arte, por su dedicación como ceramista y sobre todo por los varios libros que publicó, todos ellos bastante exitosos. El mejor sin duda, la biografía de su tía Virginia Woolf. Una estupenda y amena biografía que, la verdad, merece todos los parabienes y  de la que hablaré más detenidamente dentro de poco. Una de las obras esenciales para conocer a la autora (fuera de la obra de la misma Virginia Woolf) junto a la exquisita y documentada biografía que escribió Hermione Lee. Y es que no solo ocurre que Quentin creció al lado de Virginia (es bien sabido que aunque no tuvieron hijos, los Woolf eran unos "titos" devotos, que amaban a sus sobrinos, especialmente en el caso de Virginia), sino que además escribe de forma muy amena.

Quentin Bell en 1929 (19 años), de picnic en Sussex.

Con el paso de los años se desarrolló a lo largo de diversos puestos en la docencia de la historia del arte y destacó más como ceramista que en sus escarceos con la pintura. La verdad es que las obras en cerámica de Bell son de las que motivan todo tipo de comentarios, desde los más elogiosos a los más... bueno, los menos elogiosos. Sus trabajos en cerámica muchas veces eran complementados por algunos otros artistas del grupo (Cuencos de cerámica hechos por Quentin y decorados por Duncan Grant, por ejemplo). Realizó intentos de introducción en el mundo de la pintura pero resultaron poco exitosos.

Quentin Bell en 1979 (69 años)

Plato de QB inspirado en la novela "Al Faro" de Virginia Woolf

Plato de QB inspirado en su tía Virginia.


Bien, pues además de la archifamosa biografía de Virginia, Quentin escribió (solo o en colaboración con familiares y amigos) varias obras más, relacionadas con el mundo de Bloomsbury y los amigos entre los que creció. Este volumen es uno de ellos, y uno muy interesante además. En el, capítulo a capítulo, analiza los recuerdos que guarda de cada uno de los componentes fundamentales del grupo (si, ya se que ellos no se consideraban "grupo", pero de alguna forma hay que referirse a ellos).

Lo bueno de la obra es que los capítulos son muy breves (en torno a diez-veinte páginas) y por tanto muy concretos, pero aportan mucho material muy, muy interesante. Comienza con un capítulo en que habla de su propia vida ("Pig in the middle") y sigue con dos dedicados a su Padre (Clive Bell) y su madre (Vanessa Bell). No tiene desde luego reparo alguno en abordar las relaciones sexuales paralelas (intra y extra matrimoniales) de ambos progenitores, pero en realidad tampoco ellos los tuvieron. Clive Bell tuvo multitud de amantes antes y después de su relación con Vanessa. Incluida una más o menos frustrada con su cuñada Virginia.  Desde mucho antes de su muerte, Clive vivía lejos de su esposa e hijos, y Vanessa se había trasladado al campo con su amante (el pintor Duncan Grant) que además era el padre de su tercera hija, Angelica (aunque Clive no tuvo problema alguno en hacer de padre complaciente y darle su apellido a la niña).
Vanessa Bell, fotografiada por Ray Strachey

Los recuerdos de Quentin son interesantes, narrados de forma amena y además aportan fragmentos de información muy jugosa que nos ayudan a colocar en su lugar a cada uno de los personajes que pasaban por ese escenario móvil que se trasladaba desde Londres al campo de Sussex, de vuelta a Londres y vuelta a empezar. Algunas de las anécdotas son francamente divertidas y nos explican en gran medida la relación que había entre ellos y cual fue el caldo de cultivo para la revolución social, sexual y literaria que se generó entre guerras alrededor de este grupúsculo.

Personalmente tenía mucha gana de ver como trataba la figura de sus padres. No me ha sorprendido lo más mínimo. Tal y como era de esperar su padre (Clive Bell) no sale especialmente bien parado, a diferencia de su madre. Pero claro, es que no hace nada más que ajustarse a la realidad. Su madre fue desde la infancia de los tres hermanos la encargada fundamental y casi exclusiva de los hijos. Su padre se separó de la familia y aunque en verano solía reunirse con ellos en Charleston, la casa de campo de Sussex, el resto del año vivía de forma semi-independiente, entrando y saliendo del domicilio supuestamente familiar (donde en realidad se había ya formado una nueva unidad familiar entre Vanessa Bell y su nuevo amor, Duncan Grant).

De izquierda a derecha: Angelica, Vanessa (detrás), Clive Bell,
Virginia Woolf y John Maynard Keynes

Logicamente no hay en estas páginas tinta dedicada a Virginia Woolf. Todo lo que podía decir Quentin Bell lo dijo en la extensa biografía que le dedicó. Sin embargo los capítulos dedicados a Vanessa Bell, a Duncan Grant, a Maynard Keynes o a algunos personajes algo menos conocidos que se relacionaron de una manera u otra (social o familiarmente) con el grupo como David (“Bunny”) Garnett, son muy, muy interesantes. Se materializa ante nuestros ojos un Leonard Woolf obstinado pero absolutamente veraz y fiable, poco flexible pero absolutamente íntegro. Un Maynard extremadamente educado, muy preocupado (obviamente) por la economía, pero también por la política o por la cría de aves en su casa de campo, que siempre actuaba como uno de los "tíos" perfecto para los niños. Una Vanessa fuerte y voluntariosa, mucho más dedicada siempre a su arte de lo que a veces se puede pensar si uno deja que la figura de su hermana obscurezca la suya. Sobre todo, un Duncan Grant que es un "chaval de esos que es que los tienes que querer", guapo, inteligente, tremendamente sensible con el arte que ejercía, muy volcado hacía Vanessa, los niños, sus amigos y múltiples amantes, más o menos oficiales; medio alocado y sin gran capacidad para el sarcasmo porque simplemente se reía de todo de manera directa y natural. El contrapunto perfecto para un Lytton irónico, sarcástico con lengua viperina y orgulloso de ella.

Y además todos los que iban apareciendo de manera esporádica o permanente por allí. Por ejemplo Lydia Lopokova, la bailarina del ballet ruso de la que se enamoró J. Maynard Keynes, abandonando su homosexualidad para vivir con ella en una estupenda unión el resto de su vida, aunque esta le distanció de alguno de los restantes miembros del grupo, incluída Vanessa que toleraba fatal que Lydia se presentara por allí cada vez que le venía en gana, sin anunciarse e interrumpiendo su jornada de trabajo. Tampoco Virginia le tenía mucho afecto a Lopokova y haciendo uso de su famosa "intelectual snobbery" se reía de Maynard diciendo que "se comentaba que desde que estaba con ella solo se le podía hablar a Keynes en monosílabos".



John Maynard Keynes y Lydia Lopokova

Una anécdota que Bell recuerda de Lydia Lopokova: al parecer, Lydia tendía a envolverse en multitud de capas de ropa por ser muy friolera, pero cuando hacía calor tendía a pasearse por la casa y los jardines medio desnuda. Una vez le preguntaron a Maynard: "Pero Maynard ¿que pasaría si Mr Churchill encontrara a Lydia desnuda entre las frambuesas tal y como suele estar?." Maynard respondió "No pasa nada. No creería a sus ojos." De hecho, en una ocasión Lord Gage la encontró mientras paseaba desnuda de cintura para arriba recitando la poesía de T.S Eliot. Al verle  trató con modestia de cubrir sus pechos subiendo sus faldas hasta el mentón. Solo entonces recordó que no llevaba nada bajo la falda.

Si hay un personaje al que no logro "cogerle el aire", ni siquiera tras leer el honesto intento de Quentin Bell, es a Lady Ottoline Morrell. El problema es que no me fio de leer su biografía más conocida (la de Miranda Seymour) porque tiene fama de ser hiperprotectora con ella a costa de menospreciar a los que asistían a sus reuniones en Londres o en el campo (en Garsington Manor). Muy especialmente es agresiva con el grupo de Bloomsbury en conjunto, al que acusa de ridiculizarla continuamente, haciendo mofa de su aspecto, de su voz y su conducta. No se que pensar, por un lado es conocida la ácida ironía de Virginia y su ya referido esnobismo intelectual, pero no los veo capaces de ridiculizar a la buena de Ottoline que es, todo hay que decirlo, un personaje que siempre me ha caído muy bien. Bien es cierto que algunos de los escritores que asistieron a sus reuniones la ridiculizaron en las novelas que luego publicaban. Pero hablamos sobre todo de Aldous Huxley y  de D.H. Lawrence, no de Bloomsbury. La idea de la mecenas extravagante que ni siquiera se da cuenta cuando se ríen de ella, pero persiste en tratar de reunir bajo su techo a lo más florido de la literatura y las artes de su época, me inspira cierta ternura (un poco la imagen de ella que aparece en la película "Carrington"). Viendo las fotos de los que allí se reunían, se me ponen los dientes largos. Dice de ella Quentin Bell (en relación al retrato de Ottoline que aparece en el post inmediatamente anterior)::

"Uno encontraba a Ottoline como uno podría encontrar una pintura abstracta: admirabas los colores, la meteria, la disposición de las formas; uno quedaba maravillado por la brillantez y la audacia de la composición. Era todo estupendo, precioso, un poco desbordante y muy dramático. Su voz era en cierto sentido musical, rugía como cualquier polluelo de paloma rodando sus palabras a lo largo de su vasta mandíbula Habsburgo de una manera escalofriante...//... Cuando se pensaba cuidadosamente uno hallaba que sus comentarios no eran muy profundos."

Ah, y por cierto que esta obra también me ha servido para entender algo más la relación de John Lehman con Leonard Woolf. Lehman se presentó como candidato a coordinador de la Hogarth Press tras el fracaso de otros prometedores jóvenes por haber acabado estos más o menos malamente con Leonard, entre ellos Ralph Partridge, que formó un triángulo amoroso de lo mas curioso con Dora Carrington y Lytton Strachey. Lehman era amigo de Julian (hermano de Quentin Bell) y del propio Quentin (que así, de pasada, también cuenta que durante un tiempo fue su amante). Es evidente que desde el principio quiso ser el responsable principal y prácticamente único de la Editorial. Pero Leonard era mucho Leonard. Estuvieron batallando durante largos años tras haberse peleado y haberse marchado Lehman sin una sola palabra de despedida o renuncia. Finalmente tras ardua pelea, Lehman vio frustrada su aspiración de (aprovechando que años atrás había comprado la participación de Virginia en la editorial) lograr que pasase a formar parte de su imperio editorial y Leonard logró que fuera desviada a la responsabilidad de una editorial amiga, Chatto&Windus. Estaba claro que de algún lado tenía que venir el "resquemor".

En cierta medida el libro vienen muy bien para recordar que aunque Virginia fuera el epicentro de este terremoto, nunca habría tenido tal relevancia sino fuera por la conjunción de personalidades que allí convergieron, cada uno con sus pros y sus contras. Y también en gran parte este libro es el complemente perfecto a la obra más conocida de Quentin Bell.  Una lectura muy recomendable para cualquiera que esté interesante en conocer mejor a los miembros de este grupúsculo.


Lytton Strachey, Duncan Grant y Clive Bell, fotografiados por Vanessa Bell.




  • En Inglés: Quentin Bell. Bloomsbury Recalled. Edt Columbia University Press. 1995. 234 pps.
  • En español: Quentin Bell. El grupo de Bloomsbury. Edt Taurus. 1985. 128 pps. Nota: NO PUEDO ASEGURAR que se trate de la misma obra y edición, solo la he podido ver por internet y no la he tenido en mis manos. El número de páginas no me cuadra, pero creo que debe ser básicamente el mismo.

6 comentarios:

  1. ¡Cuanto estamos aprendiendo este año en la extraña librería! No sabía que Bell había dedicado más libros al entorno que rodeaba a su tia y este parece especialmente interesante. Las anécdotas son realmente desternillantes. Tu página esta siendo este año un recipiente para mucha gloria articulista en torno a un grupo tan carismático.

    Investigaré esa edición hispana de la obra.

    Saludos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, lo descubrí porque encontré en otros libros que citaban referencias de Bell a Maynard Keynes, Ottoline, etc y no sabía de donde venían. Un día lo descubrí de casualidad y la verdad es que es un libro magnífico.

      Eliminar
  2. Que placer visitar al grupo de Bloomsbury con estas entradas (¿se dice así?).Muy interesante, muy bien escritas. Te agradezco la oportunidad.
    Analía.

    ResponderEliminar
  3. Muchas gracias, Analía. Este año estoy casi obsesionado con Bloomsbury (ya me pasó otra vez hace años con este grupo). Ahora solo faltaría poder escaparme a Londres a darme una vueltecita por sus localizaciones.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. XD "grupúsculo"! Me encanta la palabra, si no fuera que los medios de hoy la han contaminado a más no poder, la usaría yo también. Me estoy dando cuenta de que pronto voy a necesitar también un árbol como el de The Lord of the Rings para seguir la multitud de relaciones que vas descubriendo. Super interesante, estoy aprendiendo un montón con tus entradas.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Si, la verdad es que trato de ampliar el círculo lo menos posible para no sobrecargar el tema, pero no hago más que encontrar gente interesante. Ahora tengo muy enfiladas las memorias de Frances Partridge. Me alegro de que te guste, porque estoy pasandomelo muy bien repasando el tema. Ahora llevo otros tres a la vez, todos del mismo tema. A ver si tardo en cansarme.

      Eliminar